15/2/21
El miedo siempre está ahí, en todo momentos. Quizás en los días en los que estoy en compañía o es un día agitado, se van. Pero si no, siguen estando ahí, atormentándome. A veces incluso en mis sueños. Desde hace varios días vengo soñando lo mismo. Yo comiendo un montón, teniendo un atracón y sintiéndome muy culpable. A veces la culpa no termina ahí. A veces me persigue hasta que me despierto, y tengo que repetirme mentalmente que todo está bien, que no tuve un atracón, que mi día no se arruinó, que no tengo porqué sentir culpa o estar de malhumor, que no aumenté dos kilos de golpe, nuevamente, que todo está bien. Pero no me gusta. Odio el poder que la comida tiene sobre mí, incluso en mis sueños. Odio no tener control sobre lo que como incluso ahí. Pero es que más allá de eso, el miedo está continuamente en mi vida. A diario. Como hoy. Habían comprado unas galletas que yo amo, pero nunca compro por miedo atracarme, ya que en el pasado lo hice con ellas una infinidad de veces, por lo que siempre prefiero no tenerlas nunca en casa. Mi mamá las compró hoy, y desde el momento que las vi (el almuerzo), no dejé de pensar en ellas. Supe que me iba a atracar, y no quería. Pude controlarme hasta la hora de la merienda, en las que a "regañadientes" me comí dos, les puse una porción de crema de maní, y rodajas de banana, y las comí con un café con leche. Lo bueno es que son seis en total, de tamaño medianamente grandes. Alguien ya se había comido tres, quedaban las otras tres, después de comerme dos, tiré la tercera. Ahora no puedo dejar de pensar en ella, la quiero. La ansiedad que siento ahora mismo es enorme, la tiré con el envoltorio encima. Creo que si voy ahora, y la saco, la podré comer. Pero probablemente no termine ahí y termine comiendo otras cosas que no quiero. Esto es muy difícil, no me gusta. Soy esclava de la comida, lo odio. Siempre es la comida o amigos, si como mal no puedo juntarme, es mi castigo. Si no me veo flaca tampoco puedo juntarme, sigue siendo mi castigo. Ayuda. Creo que voy a ir por la galleta.
Bueno acabo de volver, al final sí me comí esa galleta, y después dos chipá, y después dos porciones de bizcochuelo. Me siento un poco hinchada de cara, y es que no sé qué pensar. Sé que el hambre extrema, el hambre física y el hambre emocional son muy comunes durante la recuperación, en especial en periodos de restricción. Pero es que a veces me pregunto si la comida del nutricionista es suficiente, o quizás el problema soy yo cuando me salto alguna comida. Es que no lo sé. Sé de chicas que aún comiendo lo suficiente tienes estos problemas. Y si tengo que elegir entre comer poco y tener esto, o comer mucho y aún seguir teniendolo, obviamente elijo la primera opción, al menos no aumentaría de peso de golpe. Pero es que la única forma de que esta hambre se vaya es COMIENDO. Así que me conviene la última opción. Dios, que difícil es todo. Lo que significa que tengo que cenar. Y nada, voy a hacer ejercicio. El problema es que odiooooo comer así. La pesadilla se hizo realidad, de nuevo. Pero simplemente tengo que ignorarlo y avanzar. Hacer ejercicio. Dormir, y mañana seguir de nuevo el plan. No rendirme. Si tengo hambre comer fruta. Pero es que no quiero subir de peso. Ustedes, si no tienen un trastorno, no lo entienden. Si lo veo desde afuera puede parecerme muy estúpido. Pero no quiero subir, me niego. Aunque a veces simplemente quiero ser felíz, en especial cuando me doy cuenta que restringiendo no lo soy. A veces sólo quiero estar bien, independientemente de mi peso, sentirme bien. Ya no sé. Tan sólo quiero ser libre, fuera de este trastorno.
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