25/12/20
Los humanos pensamos distinto, esto no es nada nuevo. Cada uno posee diferentes ideologías y formas de percibir su entorno, que a menudo se ve influenciado por el lugar en el que nacimos, nuestra cultura y tradiciones. Un trastorno mental también puede influenciar en la manera en la que vemos las cosas. En mi caso poseo unos lentes con vidrios rotos provenientes de un trastorno alimenticio. Estos lentes no me permiten verme como realmente soy. Incluso puedo decir que actualmente no sé como me veo. Unas mañanas me despierto con cinco kilos más. Esto no es literal, en lo absoluto. La balanza quizás muestra el mismo peso que ayer, en el que me sentía delgada. Quizás ahí está el problema, estar delgado o gordo no es un sentimiento, es una característica física. En fin, pueden haber pasado dos horas desde la última vez que me vi al espejo, a veces tan solo unos minutos, y de repente me veo delgada, con cinco kilos menos. No voy a ser tan específica, no sé bien la cantidad de kilos, quizás dos o tres, es algo que varía. A lo largo del día mi peso parece fluctuar de forma desmedida y mi imagen corporal pasa a ser una mancha borrosa para mi mente. Porque directamente no sé como me veo. Cómo puede ser eso posible? En muchas ocasiones lo que cambia en realidad es el espejo. El espejo de mi habitación no me muestra lo mismo que el espejo del baño, o el de la entrada de mi casa. En los momentos donde realmente necesito subir mi autoestima con todas mis fuerzas, porque quizás estoy a punto de salir, me decido por verme en aquellos espejos donde me siento más linda y segura. Mas delgada. Otros momentos, la mayor parte de los días, roto. Voy de un lado a otro, en cualquier momento que se me ocurra, fijándome en un espejo antes de ir al baño, en otro al pasar por la cocina, y así diariamente.
Es agotador, no por el simple hecho de que cada vez que estoy por comer, un debate mental se crea en mi cabeza. Que si como esto porque es mas sano, o si como esto otro porque es menos calórico, o directamente evitar tal comida porque necesito, o creo necesitar, adelgazar. Es extenuante. Por momentos estoy tan cansada que directamente quiero dejar que el trastorno me carcoma e ignorar aquella parte que apoya la recuperación y me repite todos los beneficios de vivir sin un trastorno alimenticio.
Quiero salir de esto, quiero ser libre. Mi psicóloga me dijo algo que me marcó mucho en nuestra última sesión (y cuando digo última, es realmente última, porque voy a cambiarla, y no por lo siguiente que voy a contar), y es que toda mi vida gira alrededor de la comida. Si voy a salir a juntarme, me tengo que ver delgada y linda, sino no me quiero juntar. Si voy a una fiesta lo mismo, necesito mas de siete días en los que tengo que comer poco y hacer mucho ejercicio para así lucir un abdomen plano. Y lo peor de todo viene después. Cuando una persona restringe, la ansiedad al comer es muy difícil de controlar, por lo que no es nada raro tener un "atracón", el cual se define como una ingesta descontrolada de una gran cantidad de comida sin lograr sentirse saciado. Aún estando llenos, seguimos comiendo. Es instintivo, algo evolutivo del ser humano, es parte de nuestro yo animal. A mi cuerpo le da igual querer verse delgado, le da igual la fiesta, y las juntadas con mis amigos. Mi cuerpo sólo quiere energía, la necesita. Y al ver que pasa por una "temporada" de hambrunas, a la primera oportunidad se descontrola y trata de consumir la mayor cantidad posible, porque no sabe cuando volverá a estar ese alimento que tanto necesitamos para sobrevivir. Y eso es horrible, necesario, pero horroroso. Después de un atracón me deprimo, me siento una fracasada, me acuesto en mi cama pero las lágrimas no salen. Me siento mal, hinchada. A la mañana siguiente sigo sintiendome hinchada, y hago una rutina de cardio, y alguna otra más. Esta navidad fueron tres de cardio, porque la noche anterior había desayunado, merendado y cenado, y de postre comí un cuarto de helado y un paquete de galletitas tipo oreos pero rectangulares (traía siete u ocho en total), también unos pedazos de mantecol. Eso para mí fue un atracón. Pero quizás realmente no lo fue. Lo es para mí porque al vivir con una mentalidad de dieta y restricción cualquier cosa termina siendo enorme. Pero quizás para otro adolescente o persona esto fue algo totalmente normal.
Si vivir con un trastorno alimentario ya es malo, convivir con gente que vive con algún otro trastorno es mucho peor. Mi mamá tuvo depresión, tiene una adicción al alcohol y el psiquiatra la diagnosticó con sindrome de burnout hace menos de un mes. Mi hermana mayor tiene anorexia, y el año pasado estuvo internada en un hospital ya que había llegado a pesar veinti y algo de kilos con tan solo 18 años. Mi mejor amiga este año también estuvo internada, porque además de tener anorexia durante varios años, tuvo una temporada de atracones que la hizo aumentar unos veinte kilos aproximadamente en esta cuarentena. La internaron por pensamientos suicidas. No quiero profundizar en esto. Simplemente lo nombro porque directa o indirectamente todo esto termina afectando.
A veces pienso que tengo este trastorno porque ocupa mi mente todo el tiempo, como una distracción, para de esta forma no enfocarme en las cosas que no quiero pensar. Como la vida misma, mi existencia y paso por este mundo, la muerte, las enfermedades, las hambrunas. Cuando llego a mi meta de peso, nunca es suficiente, pero cuando la alcanzo me agarra una profunda tristeza. Porque sé que ahora que ya lo cumplí, mi mente tiene el suficiente tiempo para divagar y darme cuenta que no estoy haciendo nada con mi vida. El trastorno alimentario me agrada a veces, me da seguridad, me hace sentirme más linda, me da más autoestima, me hace creer que las opiniones de los demás me afectan un poco menos, porque después de todo estoy delgada y me gusta lo que veo. Pero a fin de cuentas no me siento suficiente. Ni en personalidad ni físicamente. Mi físico lo puedo cambiar, mi personalidad también, pero mi pecho se aprieta. Porque si cambio mi personalidad y mi cuerpo para agradarle a los demás, entonces que me queda? Nada. La nada misma, nada de mi anterior yo. Me agrada mi personalidad, yo sería mi amiga. A veces me veo al espejo y digo "pero si soy linda, yo saldría conmigo". Pero no puedo dejar de exigirme más. Lo peor es que es muy probable que de repente venga un "atracón", como si de cierta forma yo también me autosaboteara, para así la comida volver a mi cabeza en todo momento y no deprimirme con otras cosas que también soy importantes en mi vida. Estoy en un camino muy largo de recuperación. Tengo muchas recaídas. Muchas veces no me quiero recuperar, otras veces estoy más motivada. No quiero subir de peso, siento que nadie me querrá, que si no lo hacen por mi físico, por mi personalidad menos lo harán. Pero no es que yo sea mala persona, soy tímida al principio, depende con quien, pero soy muy amable, y hago cosas medio tontas a veces, pero eso no es motivo para odiar mi personalidad. Sé que no a todos les puedo caer bien, pero me sentiría muy mal al notar que no le caigo bien a alguien, como si todo el tiempo necesitara su aprobación, física y en personalidad.
Espero algún día poder salir de esto.
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